Hidrografía: El agua es fundamental para la supervivencia en el desierto. La red hidrográfica se compone de
una serie de Ued (pl. Uadis) o ríos, cauces fósiles por lo que únicamente discurre agua en épocas
de grandes lluvias. En el litoral, además de las sebjas, tenemos pequeños barrancos.
El cauce más importante del territorio lo constituye el Saguía El-Hamra, que atraviesa el norte del territorio
de este a oeste.
Saguía el Hamra a su paso por El Aaiún
Clima: El clima es seco y con pronunciadas diferencias térmicas. Su tipología viene determinada por zonas, habiendo grandes diferencias entre la zona litoral y el interior. Las precipitaciones se caracterizan por lluvias sin ritmo estacional y largos periodos que superan el año sin precipitación alguna. Cuando se producen, son lluvias locales y, en ocasiones, de fuerte intensidad. Las temperaturas son relativamente moderadas en la costa, oscilando entre 20º y 25º, creciendo hacia el interior, donde se puede alcanzar más de 50º. Por la noche la temperatura puede llegar a descender 30º. Los vientos son relativamente fuertes y abundantes. El Sáhara Occidental esta sometido a los benificiosos alisios y al irifi, viento sumamente seco y cálido, que habitualmente va acompañado de espesas y molestas nubes de arena. A causa de los fuertes vientos la erosión eólica es muy importante.
Suelo: Es una gran plataforma en la que predomina los suelos firmes, con frecuencia pedregosos, y en cualquier caso duros, lo que facilita el desarrollo de las comunicaciones terrestes. A pesar de ser una llanura, no es monótona y en ella caben distinguir las hamadas, mesetas sobre zonas deprimidas, los yébeles, modestas alineaciones montuosas que no superan los 200 metros de altitud y los llamados monte-isla de coloración oscura. Tiene una morfología de altas mesetas alineadas, con macizos rocosos flaqueados por zonas bajas de arena y dunas. Estas arenas, y sus formaciones dunares ocupan una mínima parte de la superficie, aquí el erg o duna típica aparece de forma de media luna con pendiente del lado opuesto de donde sopla el viento.
Vegetación: Se compone de formas xerófilas, adaptadas a la sequedad, donde arbustos y matorrales poseen grandes raíces y adoptan tejidos carnosos que conservan la humedad. Este tipo de vegetación ofrece bayas y frutas silvestres que son muy apreciadas por los saharauis, entre las que destacan azag, achacan anafis, edmajd, gardab, gerzimi, terfás, tmer, etc. También aparece la pradera o acheb y las zonas de graras, ligeras depresiones del terreno donde se acumula la tierra, que han permitido tradicionalmente una agricultura rudimentaria, complementaria de la actividad mercantil-artesanal, y del pastoreo y la cria de ganado, principalmente caprino y ovino.